Literatura y Poesia


La forma de las cosas sin figura

La forma de las cosas sin figura
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Durante la segunda mitad de los noventa me encontraba en las Costas del mar Pacifico, frontera donde la población de desplazados llegaba a engrosar los cinturones de miseria internos.

Colombia según agencias del gobierno ha llegado al punto de estar catalogada por las Naciones Unidas como el segundo país con más desplazados internos en el mundo, lugar que al igual que Angola es solo superado por Sudán, que alcanza más de cuatro millones de desplazados internos.

Por esos años conocí al profesor Polo Castillo, si es trascendental contarlo, pasaba de las minas de Güelmambí a San Juan de la Costa, un pueblo costero, pequeño y perdido al occidente de Nariño, se empecinaba en servir y defender a los desplazados que llegaban a la ciudad. A pesar de la difícil situación y los esfuerzos por entender esta realidad, todo lo que hacía resultaban hechos parcos comparados con la magnitud del problema.

“La diferencia es que ellos son desplazadas y yo soy víctima” —decía el profesor Polo Castillo.

Andaba con los desplazados hacinados en una casa de madera pequeña, con un extenso galpón cubierto. Allí estaban, junto a una marimba, —instrumento de percusión hecho en madera para que la comunidad pueda hacer música—. “Trajimos la marimba, son los mayores quienes la tocan y poco a poco los niños van aprendiendo a hacerlo, todo para que su cultura no se pierda”.

Es tarde, horizontal el sol se está ocultando en el mar y sus rayos se proyectan por las rendijas de la casa, —Polo sigue hablando—. “Esta música es de todos incluyendo el canto con que nos acompañan los pájaros, ellos saben de la soledad del desplazado y lo acompañan en su caminar, cargando sus cosas o casi nada, todos escapando del miedo”.

Más allá de las duras condiciones de vida para las comunidades del mar Pacifico a menudo el desplazamiento es más que la pérdida de territorio. Ese camino se recorre por miedo a la muerte, o como una forma de protegerse y cuidar sus pocos bienes, la mayoría por sus tierras. “Yo soy víctima, pero también a la vez soy desplazado. La diferencia es que a mis padres los mataron. Perdí todo: mis padres, la mina, ¡todo!”.

“Las causas de desplazamiento varían” —confirma el profesor Polo— “el temor a los narcotraficantes, la continua intimidación de los grupos armados, hasta la falta de presupuesto y voluntad política”. Realidad que dificulta la labor de quienes como el profesor Polo intentan ayudar en este problema. En particular, la mayor parte de los esfuerzos de Polo Castillo, se han concentrado en resolver la urgente situación de manutención, o más bien, de supervivencia de los desplazados, ayudando igual en los temas de violación de los Derechos Humanos.

Es por esto, que este relato pretende entender desde un punto de vista demográfico el impacto del desplazamiento de esta población, tanto en el grupo de desplazados como en la ciudad que los recibe.

Cada uno en su búsqueda de vida, de tranquilidad, de dejar a un lado esa vida que día a día se complica, todo por el sentir de un pensamiento que creemos correcto y muchas veces está equivocado. Encendiendo entonces el fuego que desde hace muchos años sigue ardiendo en Colombia, como si pensar diferente fuera un delito y aquí seguimos, quemándonos en la hoguera de la violencia.

El caso del profesor Polo Castillo, nos ilustra aún más esta situación, esta forma de ser y proceder. Él, el profesor Polo guardaba sus miedos y lo hacía en el silencio. Ese silencio que lo perseguía día y noche, sin saber que él tenía lo que lo hacía valioso: su beligerancia. Una beligerancia en la que iba a perder hasta la vida, olvidando que, al partir de este mundo, de esta vida nada se llevaría y, que sus logros nada valían si no tenía a alguien a su lado con quien compartirlos.  

Dando tumbos andaba buscando lo que no se le ha perdido, acumulando tantas cargas, tratando de lograr más, de servir a los demás como nunca imaginó; sin caer en la cuenta de que por un instante debemos hacernos a un lado del camino para no quedarnos solos y compartir toda la carga que llevamos, lo que ya tenemos, lo logrado, lo que somos. Solo de esta manera todos cabríamos en este País. En esta Colombia, conformada por una sociedad de creencias erróneas. Nos enseñan falsos valores y rompemos el correcto establecimiento de la verdad al tener mal establecidas las prioridades.

Prioridad que en este instante para el profesor Polo, es encontrar la salida de esta forma, de aquella sin figura en la que estaba, para de allí partir a donde sea. Estaba en el infierno que él mismo lo buscó y soñaba con su cielo: lleno de monte, vegetación y aves de colores. (Pájaros que volaban con sus brillantes plumajes al sol de la tarde y que con su canto lo invitan a irse con ellos)

Nunca entendió que el amor también es importante y que pudo ser feliz junto a Irena y con ella llegar a esos seres de plumajes resplandecientes, que lo acompañan en sus noches de sopor y sueño, creer que todos los seres somos importante en esta latitud de la vida y de la muerte. Hace que deambule de la montaña al mar, en silencio buscando las respuestas de este mundo sin formas.

Vale la pena recordar, pegarnos de la historia, aprender de ella, saber que no es la primera vez que Colombia experimenta migraciones forzadas internas. Dos grandes movimientos han precedido el actual desplazamiento hacia las ciudades. El primero ocurrió durante la denominada “Guerra de los mil días” y el segundo en el período conocido como “La violencia”. Ambos casos están llenos de lecciones al respecto, pero desafortunadamente no hay mayor evidencia de los hechos y eso nos pierde la magnitud de aprender del, pasado, nos falta esa información confiable.

Si nos queda clara que las anteriores se basaban en su principal causa, la confrontación política entre los partidos tradicionales. En cambio, en esta se inicia con la falta de presencia del Estado en buena parte del territorio nacional, con la inhabilidad de garantizar la defensa y seguridad de todos sus ciudadanos y la llegada del narcotráfico, como raíz de conflictos internos bélicos y la baja cobertura de servicios públicos básicos como salud, agua potable, electricidad y educación. Este hecho se refleja en el número de actores identificados por los desplazados como la causa de su migración forzada: narcotráfico, guerrillas, paramilitares, militares y policías. Así mismo, a estos grupos se han sumado la erradicación química de cultivos ilícitos.

El profesor Polo, empieza a caminar y sus manos no encuentran lo que el busca, sus esculturas son el arte que predomina y el amor a las mujeres que fueron parte de su recorrido y de su vida, lo llevan a aislarse primero en la frontera, donde encuentra el verdadero amor, más tarde en un pequeño pueblo con nombre de prócer de la independencia “Ricaurte”. Este y los demás asentamientos en la vía al mar, se van poblando poco a poco por hombres que llegan en tránsito y que terminan quedándose.

Polo Castillo hizo lo mismo, de aquí hasta el mar se dedicó a escribir en un cuaderno de hojas cuadriculadas. Mientras lo hacía, cada tarde sellaba su propio fin, junto a los campesinos melancólicos, que obligados llenaban la montaña, sembrándola de sus nuevos cultivos, mientras sus bolsillos se prostituían con los dólares de procedencia turbia.  

La reserva natural “La Planada”, ubicada en el municipio de Ricaurte, guarda uno de los últimos relictos del llamado Bosque de Niebla, donde la flora y fauna de este lugar son particulares, encontrándose un alto índice de especies endémicas, es decir de especies que tienen una distribución muy restringida y solo se encuentran acá.

Una cabaña perdida en esa montaña lo albergaba. Nunca estuvo solo, fuera de Bernardo Mera, lo acompañaban el rugir del viento y los pájaros que lo seguían a todas partes. Lo alimentaban los campesinos caritativos que se acercaban a escondidas, de cuando en cuando para dejar una gallina pelada y lista para cocinarse y, desaparecían al instante en la montaña. (Las gallinas que consumía, gordas y bien alimentadas, lo mantenían vivo allí, en estado de pura dignidad) Se cobijaba la mayoría de las noches con el amor de una mujer hermosa, que decidió por voluntad propia cuidarlo, le llevaba pan, café y agua caliente para que se bañara.

Apolinar Castillo el profesor Polo, nunca sabrá que después de tantos años, sus apuntes heredados a Irena, y recuperados junto al mar Pacifico serían de tanta utilidad para no olvidar los hechos del pasado. A ella y a sus amigos les había advertido que regresaría del mar muy pronto transformado en un hombre nuevo al encontrar su tierra prometida. 

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